La Santa no se visita de una vez. Se llega, se camina, se observa la luz entre los pinos y se entiende por qué tantos totaneros la nombran como si fuera una persona cercana.
El santuario es una de las puertas de entrada más significativas al territorio. En el camino se cruzan paisaje, tradición, patrimonio y una manera de estar al aire libre.
Un paréntesis de sierra
Dedica el tiempo suficiente a recorrer el entorno, buscar un rincón de sombra y enlazar la visita con una mesa tranquila o un paseo por los Huertos.